27 de mayo | 2026
El laburante promedio se levanta cuando todo está oscuro, se toma el bondi apretado, se rompe el lomo diez horas al día, paga los impuestos religiosamente y hace milagros para que el sueldo no se le evapore entre el alquiler, la comida y los gastos básicos. Y justo cuando pensás que ya viste todo, te enterás de que el gobierno largó este plan para los que salen de la cárcel y te das cuenta de que estamos viviendo en el mundo al revés.
Resulta que ahora, para supuestamente ayudarlos a reinsertarse, les van a dar un paquete de beneficios que incluye 5.000 pesos mensuales, un celular, ropa, 50 boletos de regalo y hasta les aseguran vivienda y trabajo. Es una tomada de pelo absoluta. Nuestros vecinos se matan ahorrando peso a peso durante meses para poder comprarse un teléfono decente o para ver si le sobra algo para un gusto, y a esta gente se lo ponen todo servido en bandeja sin que tengan que transpirar la camiseta.
Es indignante porque el mensaje que bajan es clarísimo: parece que para que el Estado se acuerde de que existís y te dé una mano, tenés que haberte mandado una macana. El trabajador honesto, ese que nunca falló y que siempre puso el hombro, no recibe ni las gracias. Al contrario, parece que su único rol es financiar con sus impuestos la "vida nueva" de quien decidió ir por el camino del delito. ¿Cómo le explicás a un tipo que se levanta a las cinco de la mañana para trabajar por un sueldo que apenas le alcanza, que el que se portó mal va a tener celular, boletos y vivienda asegurada?
Esto no es reinsertar a nadie, esto es premiar a quien le dio la espalda a la sociedad mientras se desprecia al que la sostiene. Es un cachetazo para cualquier uruguayo decente que lucha cada día para salir adelante con esfuerzo y dignidad. Así no hay país que aguante, porque terminan dejando claro que en este lugar la honestidad no paga, pero el delito sí, y eso es lo que realmente calienta y desesperanza a todo el mundo.