28 de febrero | 2026
He leído que no hay que prohibir a los cuidacoches, sino controlarlos. Suena lindo. Es la típica mirada buenista soviética que funciona en los debates de cafés capitalinos (muy intelectuales, según ellos), pero que choca de frente con la realidad.
Vamos a la raíz del problema. No debería existir la figura del cuidacoches. El Estado debería garantizar que no nos roben ni nos dañen el auto. Punto. Si aparece alguien “cuidando”, es porque el sistema falló antes.
Segundo: no hay policías suficientes para controlar cuadra por cuadra a quienes ocupan espacios cuidando coches. Porque, si no hay presencia permanente, el que está en infracción vuelve. Y vuelve el que cobra de manera extorsiva. Y vuelve el que amenaza. Entonces el esquema depende de vigilar al que cuida. ¿En serio vamos a destinar recursos para vigilar al que supuestamente cuida?
Y, si tuviéramos un policía cada una o dos cuadras, la pregunta es todavía más obvia: ¿para qué necesitaríamos un cuidacoches? El modelo es improductivo. Es un parche sobre otro parche.
Algunos dicen que lo controle la intendencia. Y yo pregunto con total honestidad: ¿un funcionario municipal, que es un trabajador como cualquiera, está en condiciones de enfrentarse a tipos con cuchillos o antecedentes violentos? ¿Vamos a mandar inspectores a discutir con personas que no dudan en agarrarse a trompadas por una cuadra? Eso no es gestión; es mandar gente a la guerra con un tenedor.
Sí, existen cuidacoches honestos. Claro que sí. Pero ellos mismos saben que cada vez es más difícil trabajar. Porque el problema no son ellos, sino los delincuentes que salen y entran de la cárcel de Las Rosas como si fuera un depósito rotativo. Subnormales que ocupan espacios, que aprietan y que desplazan al que quiere trabajar en paz. Y el cuidacoches que tiene buena fe termina cuidándose más él mismo que al vehículo. Con suerte llega a su casa sin un golpe en la cara y sin tener que explicarle a sus hijos que alguien le quiso sacar el lugar.
Nos prometieron miles de policías nuevos. No llegaron. Y, aunque llegaran, no alcanzarían para sostener este esquema cuadra por cuadra. Si existiera esa cobertura real, directamente no necesitaríamos cuidacoches.
Esta discusión hay que darla. Los buenistas van a saltar con los discursos humanistas de siempre. Pero el buenismo suele existir cuando el problema no te toca de cerca: cuando no convivís con los que cobran bajo amenaza, cuando no estacionas todos los días en zonas tomadas por patoteros, o cuando esos subnormales son familiares tuyos (conozco).
No se trata de atacar al trabajador honesto. Se trata de dejar de romantizar un sistema que terminó siendo funcional a los más violentos. Cuando el problema supera las herramientas, hay que cortarlo de raíz.
Opinen lo que quieran, gurises; no hacen más que ponerse en evidencia y lograr que más personas sepan quién está del lado de la gente de bien y quiénes defienden delincuentes. Ni a mí ni a muchísimas personas nos venden más humo.