5 de junio | 2026
El cierre definitivo de COLEME, la cooperativa láctea más antigua de Uruguay, ha generado una profunda preocupación en el ámbito político y productivo. En este contexto, el edil departamental por la lista 904, Javier Sosa, alzó la voz para cuestionar las prioridades en el destino de los recursos públicos, advirtiendo sobre la desprotección que sufren las industrias históricas del país.
Durante una reciente intervención, el representante de la lista 904 contrastó la caída de esta emblemática empresa, fundada en 1932 en el departamento de Cerro Largo, con las recientes adquisiciones estatales. Según Sosa, existe una contradicción evidente en la gestión de los fondos destinados al desarrollo del sector agropecuario, lo que deja en vulnerabilidad a quienes ya se encuentran trabajando en el territorio.
“Se destinaron millones para comprar campos, pero no para evitar que cierren las empresas que producen”, afirmó el edil, marcando una clara postura en defensa de las fuentes de trabajo y la matriz productiva nacional.
Las declaraciones de Sosa hacen referencia directa a la reciente compra de la estancia María Dolores, una operación concretada por más de 32 millones de dólares y presentada oficialmente como una apuesta estratégica para el fortalecimiento del sector lechero. Sin embargo, para el dirigente nacionalista, este tipo de anuncios pierde peso cuando, en paralelo, una institución con casi un siglo de historia baja sus cortinas de manera definitiva.
“La pregunta es por qué se destinan millones de dólares a proyectos que prometen resultados a futuro, mientras empresas históricas que hoy generan empleo, producción y desarrollo terminan desapareciendo”, cuestionó el representante de la lista 904 en su exposición.
El impacto del cierre de COLEME trasciende largamente las fronteras de Cerro Largo. La cooperativa no solo representaba un motor económico para su departamento, sino que era un símbolo tangible de la tradición lechera de Uruguay. En este sentido, Sosa subrayó que cuando una empresa de esta magnitud desaparece, la pérdida afecta a todo el territorio nacional, dejando a trabajadores, productores y familias frente a un escenario de gran incertidumbre laboral y económica.
Para el edil, la política debe enfocarse en brindar respaldo real a los sectores que ya están operativos y que enfrentan dificultades estructurales. Sostuvo con firmeza que “una cosa es anunciar proyectos y otra muy distinta es sostener a quienes hoy producen, invierten y mantienen vivo el interior del país”.
Fiel a la línea de trabajo de la lista 904, que prioriza el contacto directo con las necesidades de la gente y la defensa del trabajo genuino, Sosa reflexionó sobre el verdadero significado del progreso. Según expresó, el desarrollo institucional y económico no se mide a través de los anuncios públicos ni por las conferencias de prensa, sino por la capacidad efectiva de mantener abiertos los tambos, las industrias, los comercios y, fundamentalmente, las fuentes de trabajo que sostienen a las familias uruguayas.
El discurso del edil también dedicó un espacio para recordar el factor humano que suele quedar oculto detrás de las estadísticas económicas. Señaló que detrás de cada empresa que cierra hay trabajadores que, aunque no protagonicen los grandes anuncios ni salgan en las fotos, son el pilar fundamental que sostiene al país mediante su esfuerzo diario.
Finalmente, Sosa hizo alusión al momento más simbólico y doloroso del cierre de la cooperativa: el último sonido de su histórica sirena, la cual durante décadas anunció las jornadas de trabajo y esfuerzo en la región.
“Hoy no solo se apagó una sirena. También se apagó una parte de la historia productiva del Uruguay”, concluyó el representante de la lista 904, dejando un mensaje que invita a replantear las estrategias de apoyo a la industria nacional y a priorizar el cuidado de quienes forjan la identidad productiva del país todos los días.